SOLEDAD EN COMPAÑIA

Es increible de cuantas maneras podemos sentir soledad.

Hoy pienso respecto de la soledad que sufro tiene que ver con la que surge a partir de la ausencia del otro, de la ausencia en su estar. Osea que por mas que el otro esté, yo me siento solo.
Esta soledad es de una dimension especial, y -creo- que es tan dolorosa o mas, que aquella soledad que se da cuando la otra persona ya no está.
A esta soledad que yo la bauticé “soledad en compañía“, y que se sufre muy profundamente porque la otra persona está ahí, se la puede tocar, se la puede ver y mirar, pero nada se puede hacer yo para que esa presencia se convierta en presencia real y sentida.
Tal vez la otra persona tampoco pueda hacer nada. A veces pienso que la otra persona no sabe que esto está sucediendo en el que lo siente. A veces sí lo sabe y no le interesa cambiar nada. A veces sí lo sabe y no puede cambiar nada.
Por momentos me pregunto si esa -soledad en compañía- del otro está directamente relacionada con que ese otro esté “mas atento a uno”, o mas bien ese uno es el que necesita otra cosa que lo que ese otro le da.  Seguramente son esas dos posibilidades juntas, sumado a otras que no se estén nombrando aqui.
Esto puede aplicar a una pareja, a un amigo, un hermano, etc., tanto que se haya formado un vínculo afectivo, como que no se haya formado, ya que en definitiva la soledad está ligada en alguna medida, a no sentirse tenido en cuenta en algun aspecto, de alguna forma.
Y entonces surge la pregunta ¿Qué puede hacerse para evitar esto?.
Como primera medida se me viene pensar que si uno se siente “solo en compañía”, esa compañía refuerza el sentimiento de soledad, dolorosa ésta ya que estando ahí, aparentemente nada puede cambiar.

Cada uno es cada uno… cada quien sabrá cual es el mejor camino que tiene que transitar en su vida, por lo que la estrategias o senderos por los que transitar para solucionar la situacion, son personales: ¿Plantear? ¿Pedir? ¿Alejarse? ¿Resignarse? … etc.

A todos nos apreto y aprieta el zapato alguna vez, aunque solo nosotros sabemos que debemos hacer con ello: ¿segiuir caminando? ¿sacarse el zapato? ¿lastimarse hasta detenerse?…

Alejandro Juroczko
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